El Partido Comunista de China (PCC) comenzó hace meses las celebraciones por su centenario –que se cumplió el 1° de julio- y hoy tendrá, a través de una pantalla, al único mandatario sudamericano que participará de los festejos: Alberto Fernández, quien fue invitado por su par chino, Xi Jinping.
Nacido en la clandestinidad en 1921, el PCC permanece fiel a sus raíces marxistas-leninistas y su funcionamiento interno huye de las miradas, aún cuando tiene el monopolio del poder y el debate público en China.
El centenario
“El pueblo chino se ha levantado” y su ascenso, después de más de un siglo de subdesarrollo e invasiones es “irreversible”. Un fuerte patriotismo y amenazas hacia Occidente marcaron el pasado jueves el discurso del presidente Xi Jinping con motivo del centenario del Partido Comunista.
“¡El tiempo en el que el pueblo chino podía ser pisoteado, en el que sufría y era oprimido ha terminado para siempre!”, dijo Xi en la Puerta de Tiananmen, desde donde su lejano predecesor Mao Zedong proclamó la República Popular en 1949.
“El pueblo chino no permitirá nunca que fuerzas extranjeras lo intimiden y lo opriman. Quien lo haga corre el riesgo de ser aniquilado ante una Gran Muralla de acero edificada por 1400 millones de chinos”, dijo, frente a una multitud de jóvenes y de miembros del partido congregados en plaza Tiananmen, ensalzando la salida de la pobreza de cientos de millones de chinos en tan solo unas décadas. “El gran renacimiento de la nación china ha entrado en un proceso histórico irreversible”, lanzó.
El pasado jueves por la mañana resonaron en Pekín 100 disparos de cañón para conmemorar el centenario. La patrulla acrobática del ejército del aire sobrevoló la plaza de Tiananmen, dibujando en el cielo haces rojos, amarillos y azules. Algunos helicópteros formaron en el cielo el número “100” y otros llevaban la bandera del partido, con la hoz y el martillo amarillos sobre fondo rojo.
El centenario del PCC motivó desde hace meses una intensa campaña de propaganda, que culminó el lunes de la semana con un gran espectáculo al estilo norcoreano en el estadio olímpico de Pekín, con referencias a la revolución china o la gestión de la epidemia del Covid-19. (La Nación)

