La reciente y polémica abstención argentina en la condena a la invasión rusa a Ucrania, en Naciones Unidas e inspirada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo una reacción positiva desde el Kremlin. Un aplauso ordenado por el presidente Vladimir Putin, impensado algunas semanas atrás, y distante de las duras críticas a los “gobiernos comunistas” que el presidente Javier Milei destinó aún desde antes de asumir en la Casa Rosada.
“Es muy importante que, a diferencia de los años anteriores, Buenos Aires no apoyó un comprometido proyecto antirruso presentado por Kiev y la Unión Europea. Los argentinos asumieron una posición similar respecto a otra resolución rellenada por los europeos con contenido rusófobo en el último momento”, escribió la semana pasada, en la cuenta de Telegram, el embajador de la Federación Rusa en el país, Dmitry Feoktistov, un leal soldado diplomático de Putin en Buenos Aires.
Para el embajador, “los debates celebrados en Nueva York demostraron una creciente demanda de paz. Hay cambios significativos en los enfoques de los Estados del Sur Global que exhiben el deseo de poner fin al conflicto lo más pronto posible”. Sus declaraciones, en las que criticó a la Unión Europea (que apoya a Ucrania) por “no querer acabar con el militarismo”, coincidieron con la postura que Trump evidenció en su áspero intercambio con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, en la Casa Blanca.
También con las explicaciones del canciller Gerardo Werthein, quien luego del voto argentino, efectivizado por el embajador en la ONU, Francisco Tropepi, afirmó a LA NACION que “entre quedar bien y buscar la paz, elegimos esto último”. Desde la Cancillería explicaron, además, que la Argentina ya sostenía su postura pacifista desde la última cumbre del G20 en Río de Janeiro, y que el voto no afectaría la buena relación y el apoyo sostenido de Milei hacia Zelenski en el conflicto. La Unión Europea y la propia Ucrania reaccionaron con una mezcla de sorpresa y preocupación luego de conocido el giro de la diplomacia argentina.
El embajador Feoktistov, acreditado desde 2018 en el país y de vínculo fluido con el gobierno kirchnerista (tuvo especial participación en la entrega de vacunas Sputnik durante la pandemia), fue un paso más allá, y abogó por la “recuperación” de las relaciones entre ambos países luego de varios meses de frialdad, sin contactos de alto nivel y con proyectos de inversiones económicas rusas, acordados durante el kirchnerismo que ya venían frenados, como las represas en Neuquén e inversiones en infraestructura ferroviaria.

