El cantante estadounidense arribó pasadas las 0.30 de la madrugada en un Airbus 300, proveniente de Fort Lauderdale, Estados Unidos, junto a su equipo y su banda. El contingente estuvo compuesto por 70 personas, entre músicos y personal técnico. Llamativamente, no viajaron sus bailarinas, quienes no serán parte del espectáculo que brindará este viernes en el Hipódromo de San Isidro. El interior del avión no pasó desapercibido: estaba completamente ploteado con alusiones a Timberlake, desde la decoración de las paredes hasta los asientos, que llevaban fundas con su nombre.
Apenas pisó suelo argentino, el cantante subió a una camioneta Mercedes Benz blindada, un requerimiento específico que había hecho con antelación y que fue provisto de acuerdo a sus exigencias. Una vez dentro del vehículo, esperó el traslado de su equipaje sin bajar en ningún momento, acompañado únicamente por su chofer y un custodio.
La logística de seguridad fue extrema: el vehículo en el que viajaba Timberlake estaba escoltado por cuatro combis, dos abriendo el camino y dos cerrando la caravana. Mientras tanto, el resto de las personas que llegaron en su vuelo privado fueron trasladadas en cinco micros de transfers, que se dirigieron hacia diferentes puntos estratégicos.
Al llegar a su hotel, ubicado en la zona porteña de Retiro, el operativo se intensificó aún más. Tal como sucedió a finales de 2023 con Taylor Swift, el equipo de seguridad utilizó un paraguas para cubrir al cantante por completo, impidiendo que los fotógrafos pudieran captarlo. Según trascendió, Timberlake mantenía el mismo gesto de seriedad que mostró desde su descenso en Ezeiza.

