Bajo presiones cruzadas del Gobierno y de dirigentes de peso de la central obrera peronista, el gremio de los colectiveros (UTA) confirmó que finalmente no se plegará a la medida de fuerza de este jueves 10. Incluso, Roberto Fernández, secretario general del sindicato, ya le avisó de la decisión al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y al secretario de Trabajo, Julio Cordero.
La decisión es casi un tiro de gracia para la protesta: los que quieran ir a trabajar contarán con medios de transporte, lo que seguramente reducirá -y mucho- el impacto de la huelga.
Es más. Ya desde antes de que la UTA ratificara su determinación, entre dirigentes de la mesa chica de la CGT vislumbraban que el paro venía “frío”. Un histórico peso pesado cegetista fue más allá: “El paro va a ser directamente un fracaso”, pronosticó ante una consulta de Clarín.
La convocatoria al paro está atravesada por la interna sindical y también la peronista. La decisión de llamar a una huelga no tuvo consenso interno ni siquiera en el minuto uno. El colectivero Fernández, por ejemplo, se enteró de que había una convocatoria a un paro general a través del canal TN.
La decisión de parar se tomó en una reunión de mesa chica en la que justo se ausentó el jefe de la UOCRA, Gerardo Martínez, un dirigente de buen diálogo con todas las tribus sindicales. Ese día, el sindicalista participaba en Suiza de una actividad de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

