Buendía jugó un partido como para convencer a Scaloni de que tiene que llamarlo para la Copa del Mundo que en menos de un mes se repartirá entre México, Estados Unidos y Canadá. Metió un gol –el segundo, un golazo-, una asistencia y jugó bárbaro. El Dibu no sorprendió: estuvo en las difíciles, tampoco falló en convencionales y mantuvo el arco sin goles incluso cuando tuvo un paso en falso: siempre tuvo la capacidad de recuperarse.
El campeonato es de los Villanos, pero el plus se lo llevan argentinos. El Dibu por el envión anímico que supondrá sumarse al grupo mundialista con un título bajo el brazo, igual que Lautaro Martínez que llega con los conseguidos en el Inter de Milán. Si como dice el dicho, la plata atrae a la plata, que los títulos conseguidos en los clubes atraigan a la cuarta estrella para la camiseta Argentina.
Buendía hizo todo para no salir de la lista. Con 50 partidos en el año para el Aston Villa y en los 80 minutos de la consagración del miércoles, apenas falló en una definición, la que podría haber significado el cuarto tanto del partido. Recibió junto al palo y ante la salida del arquero la intentó pinchar y la pelota pegó la en la red, del lado de afuera.
El Dibu, además de su solidez bajo los tres palos, fue quien orquestó desde el fondo la tranquilidad suficiente para que la presión que por momentos tuvo el Friburgo, no alcanzara para el desequilibrio. Desde que Aston Villa metió el primero de sus goles, el triunfo que amasó nunca se vio en peligro.

