Los hermanos Etchegaray firmaron un contrato de rescate en 2004, año en que lograron retirar el telémetro del navío -hoy exhibido en las instalaciones del puerto de Montevideo-, y, dos años después, el equipo de rescate descubrió el águila de la proa, de más de 300 kilos y con una esvástica en la zona inferior.
El titular de Defensa descartó que haya una «subasta inminente» del águila y reconoció que su cartera aún está efectuando un «análisis jurídico del tema».
García aseguró que, sea cual sea el destino final de la pieza, «el Estado uruguayo va a garantizar que ese símbolo, que representa una parte de la historia más negra y la peor historia de la humanidad, no sirva para publicidad ni culto nazi«.
El Centro Simon Wiesenthal, institución dedicada a documentar el Holocausto judío, emitió el martes un comunicado en el que su director para América Latina, Ariel Gelblung, indicaba, ante «la inminente subasta» del águila, que «debe advertirse a los potenciales compradores que de no darse a los objetos el destino (pedagógico) de advertencia, la subasta deberá considerarse nula».
«La única sensibilidad potencial está resuelta porque tienen que precalificar los interesados, tienen que ser Estados, instituciones académicas, museos o la combinación de particulares», argumentó.
El Admiral Graf Spee era el orgullo de la marina de la Alemania nazi y, durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, sembró el pánico en el Atlántico Sur. Pero en diciembre de 1939 fue sorprendido en el Río de la Plata por buques británicos y debió refugiarse en Montevideo, donde su capitán, Hans Langsdorff, lo hundió.
EFE

