Por segunda vez en cinco años, y cuatro días antes del ballottage en Francia, el debate televisado de entre los dos finalistas a la elección presidencial del domingo próximo tuvo el carácter de un combate entre un peso pesado y su sparring. Como sucedió en 2017, la candidata del partido de extrema derecha Reunión Nacional, Marine Le Pen, pareció desmoronarse frente a Emmanuel Macrondesde que comenzó el debate, confundiendo cifras, afirmando contrasentidos, argumentando en forma superficial y dando a su adversario un argumento tras otro para ser contradicha y -lo que es peor- corregida.
Al término del debate, el primer sondeo realizado entre los telespectadores por el instituto Elabe, acordó 59% a Macron contra a 39% para Le Pen. En 2017, el presidente saliente había ganado el duelo por 63% a 37%.
El enfrentamiento de 2 horas y 50 minutos entre los dos candidatos estalló desde el comienzo del intercambio a partir de las divergencias sobre los proyectos que piensan aplicar para aumentar el poder adquisitivo de los franceses. Le Pen propuso restablecer la situación a través de una reducción fiscal, en particular mediante un reajuste de precios de la energía, una reducción general de impuestos y una revalorización del trabajo, las jubilaciones y las principales prestaciones sociales. “Mi objetivo es devolver a los franceses su dinero”, lo que se traducirá en un “incremento promedio de 200 euros por mes”, dijo. (La NAcion)

