“Pase lo que pase, este grupo ya escribió una historia que nunca vamos a olvidar y que nadie podrá borrar”. Así lo sentenció el capitán antes de la final contra España. Y así será. En la tarde en que la selección jugó su peor partido, Messi se fue de su sexto Mundial y su tercera final con todo el dolor en el alma, pero con la cabeza en alto.
Las lágrimas del capitán tras recibir la medalla de subcampeón fueron las de todo un país. Aquí en Nueva Jersey pasó algo que no había planeado este grupo de jugadores, acostumbrados a escribir varias de las páginas más gloriosas de nuestro fútbol.
Por los parlantes del estadio Metlife sonaba a todo volumen “que viva España” y ellos seguían sentados en el césped sin poder creer lo que había pasado hacía un rato. Con Scaloni y el cuerpo técnico de pie, Dibu Martínez, la única gran figura argentina de la tarde, consolaba uno por uno a sus compañeros.

