Tulio Crespi murió a los 88 años tras una trayectoria de más de seis décadas como constructor, diseñador y piloto, en la que llevó sus creaciones desde un taller porteño hasta una fábrica en Balcarce y dejó modelos como el Tulia 1 y el Petiso-Torino vinculados a la historia del automovilismo argentino. El mundo de los fierros se conmovió por la partida de este emblema de la disciplina, que recibió mensajes de despedida de históricos Norberto Fontana, Cocho López, Pato Silva, Bocha Ciantini y Aníbal Colapinto (padre de Franco), entre otros, en una carta post mortem que se publicó en su cuenta de Instagram. Su último proyecto incluyó la construcción de 22 prototipos de Fórmula 1 para la serie Senna. En su fábrica de Balcarce, junto con sus hijos, reprodujo vehículos utilizados por Ayrton Senna y otros pilotos de la máxima categoría.
Crespi había convertido los automóviles en su oficio desde la adolescencia. Su hermano Humberto “Nenín” lo acercó al mundo de las carreras, según reconstrucciones de su familia, y esa afición derivó en una actividad que combinó diseño, fabricación y competencia. En 1961 instaló su primer taller en Palermo Viejo y poco después empezó a fabricar sus propios vehículos. El salto decisivo ocurrió dos años más tarde, cuando tomó como referencia un pequeño NSU para construir un monoposto: el Tulia 1.
El 22 de marzo de 1963 debutó como piloto en el entonces Autódromo General San Martín y ganó con ese automóvil, diseñado y ensamblado por él mismo. Aquella victoria unió dos facetas que mantuvo durante toda su carrera: la construcción de autos y su conducción en pista. A partir de entonces desarrolló chasis para diversas divisionales nacionales. Sus monopostos tuvieron una presencia sostenida en la Fórmula Renault, una categoría por la que pasaron distintas generaciones de pilotos.

