River venció 3-1 a Independiente Rivadavia, hilvanó su segundo triunfo en apenas una semana y comenzó a enderezar una campaña en el Torneo Clausura que había arrancado torcida. Lo que hasta hace un par de fechas eran silbidos, hoy son aplausos, sobre todo para Leonardo Ponzio, quien tomó las riendas del equipo y le cambió la imagen.
Al igual que en sus tiempos de centinela de la mitad de la cancha, el León apostó por la claridad, la simpleza y el orden táctico. Nada de locuras ni desbarajustes. Con esa voz de capitán que nunca se oxidó, el mensaje que bajó en su primer día en el predio de Ezeiza fue asimilado al instante por el plantel y caló hondo. Varios futbolistas encontraron en su llegada la chance de mostrar lo que no habían podido bajo el mando de Eduardo Coudet.
En esa primera reunión, que sirvió además como presentación formal, no hubo gritos, reproches ni tirones de orejas. Más bien todo lo contrario. Ponzio sabía que, más allá de emparchar algunas zonas de la cancha, lo primero que debía cambiar en el Millonario era la energía. Es cierto que algunos partidos los perdió merecidamente, pero en otros tantos la pelota simplemente no quiso entrar. Por eso el nuevo DT eligió transmitir calma antes que imponer una idea innovadora.

