La catedral de París abrió este viernes sus puertas para un servicio religioso solo por segunda vez desde su devastador incendio.
La ceremonia mínima, celebrada a puerta cerrada, no fue una misa propiamente dicha sino “una oración, una meditación sobre la pasión del Señor” para pensar, en estos tiempos de coronavirus.
El rector de la catedral, Patrick Chauvet, ingresó en la catedral junto con el arzobispo de París, Michel Aupetit, casco en la cabeza al igual que los otros cinco miembros de la comitiva, entre ellos un violinista y dos artistas que, enfundados en trajes protectores a causa de la contaminación por plomo que prevalece en el interior del templo, leyeron varios pasajes religiosos.

