Gabriel Boric no acostumbra a mostrar un perfil contestario o de choque más cercano a su época de dirigente estudiantil. El Boric de hoy es un adulto joven que ha debido adoptar un papel de acuerdo con su investidura y que, en determinadas ocasiones, puede responder con firmeza para entregar alguna señal política.
Sin embargo, el tono que utilizó para referirse a la tensa situación generada a raíz de la instalación de paneles solares argentinos –pertenecientes a una base militar trasandina– en territorio chileno en la zona sur del país, sorprendió a seguidores, opositores y a todo Chile. En Francia, en el contexto de su gira por Europa, el mandatario golpeó la mesa y lanzó, de forma enfática, la siguiente advertencia: “Deben retirar esos paneles solares a la brevedad o lo vamos a hacer nosotros”.

Boric ha utilizado dureza en casos específicos. Lo hizo, por ejemplo, con Venezuela cuando “exigió” colaboración al gobierno venezolano para esclarecer la investigación del homicidio del militar Ronald Ojeda. También lo ha hecho para abordar las críticas de la oposición en alguna aparición pública en la que ha sufrido cierta beligerancia. “Quedan más en ridículo ustedes que yo”, les dijo a unos opositores que lo fustigaron a través del apodo con el que lo llaman sus detractores: “Merluzo”.
Asimismo, es recordada su intervención cuando criticó a la FIFA por dejar a su país fuera de las sedes del Mundial 2030: “Con el nombre de Chile no se juega”.
Desde la cancillería chilena, la versión que más tomó fuerza para explicar el tono que utilizó Boric fue que el gobierno de Javier Milei afirmó que recién removerían los paneles durante el verano. “Chile es quien decide la fecha, no Argentina”, señalaron desde la repartición.
Con todo, la intervención de Boric cosechó elogios en al arco político local, pese a la versión –de pasillo– del gobierno argentino que apuntaba a que el presidente de izquierda buscaba réditos internos apelando a la protección de la soberanía y que, en cierto modo, había exagerado con el tono.

