El poder en Irán atraviesa su momento más frágil en décadas. Tras el inicio de la Operación Furia Épica, la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que golpeó el núcleo del régimen, la muerte del líder supremo, Ali Khamenei, confirmó el escenario más temido en Teherán y abrió una etapa de incertidumbre histórica. La atención ya no se concentra solo en los daños militares, sino en una pregunta decisiva: quién tomará ahora las riendas de la República Islámica y cómo se reorganizará el sistema que gobernó el país durante más de tres décadas bajo su conducción.
La confirmación llegó desde Washington. En un mensaje contundente, Donald Trump afirmó que Ali Khamenei “está muerto” y calificó su caída como “justicia” para el pueblo iraní y para las víctimas en Estados Unidos y otros países. El presidente aseguró que el líder supremo no pudo eludir los sistemas de inteligencia y rastreo estadounidenses, destacó la coordinación con Israel y sostuvo que esta es “la mayor oportunidad” para que los iraníes recuperen su país. También advirtió que los bombardeos continuarán “el tiempo que sea necesario” para garantizar, según dijo, la “paz en Medio Oriente y en el mundo”.
Horas antes, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había preparado el terreno al señalar que existían “indicios claros” de que el ayatollah de 86 años “ya no está”, sin ofrecer detalles adicionales.

