Las raíces de la violencia juvenil en contextos escolares son más profundas de lo que suele suponerse y reflejan una problemática extendida en la sociedad. Enrique De Rosa, psiquiatra forense y presidente de la Asociación de Victimología, adviertió que episodios como el ocurrido en una escuela de la provincia de Santa Fe, donde un adolescente mató a un compañero, representan solo la cara visible de un fenómeno mucho más amplio.
“La violencia se ha instalado en la juventud como reflejo de la violencia que vivimos en la sociedad”, dijo De Rosa en diálogo con Infobae Al Amanecer. Destacó que “hay múltiples antecedentes recientes” y mencionó “un episodio similar en Mendoza el año pasado y otro en Escobar el mes anterior”. De Rosa sostuvo: “Lo grave es que estos jóvenes son los emergentes de un fenómeno social más amplio. Los chicos son una señal de alerta sobre la violencia instalada en distintos niveles de nuestra sociedad”.
El especialista también remarcó que el fenómeno alcanza a todos los ámbitos juveniles, independientemente del nivel socioeconómico: “Hay un sesgo social al pensar que esto pasa solo en ciertas franjas; en realidad, afecta a todos”. Recordó, sobre el caso de San Cristóbal, que “el 1 de enero hubo un ataque grave en la misma institución”, y subrayó la importancia de no minimizar señales menos graves o previas: “No debemos esperar un hecho brutal; todo empieza mucho antes”.

Factores implicados y cómo se detectan las señales
Consultado sobre cómo prevenir episodios de este tipo, De Rosa insistió: “El primer paso es dejar de negar el fenómeno y prestarle atención a cualquier indicio, incluso el más pequeño”. Explicó que los casos de violencia no responden a una sola causa, ya que “el proceso es absolutamente multifactorial”. Afirmó: “En el caso de San Cristóbal, la única ‘señal’ fue un comentario previo que algunos subestimaron, pero se sabe que en el hogar del agresor había problemas serios y lo mismo pasaba en la escuela”.
El especialista puntualizó que enfocarse en una sola hipótesis —como el bullying o las adicciones— limita la comprensión: “Nos perdemos el bosque al buscar la etiqueta más visible”, advirtió. Agregó que la violencia en contexto escolar es “escalable”, ya que suele empezar por pequeños incidentes y, si no hay barreras de contención, puede llegar a extremos fatales.
Sobre los factores sociológicos, De Rosa mencionó el concepto de “pirámide de violencia”: en la base están los factores invisibles como la violencia estructural y cultural, y en la cima los hechos graves que se hacen visibles tras un largo proceso. Sostuvo que, “en una sociedad cohesionada, estos factores se detectan antes, pero en contextos fragmentados se naturalizan hasta que ocurre una tragedia”.

El impacto en la comunidad educativa tras el ataque
El regreso a clases es uno de los mayores desafíos. De Rosa explicó: “Las situaciones traumáticas generan víctimas directas y víctimas secundarias, que son quienes presencian el hecho pero no sufren lesiones físicas”. Señaló que toda la comunidad se ve afectada: “Padres, alumnos y docentes atraviesan un estado de fragmentación emocional tras un episodio de violencia en la escuela”.
Al mismo tiempo, el especialista subrayó la importancia de los “primeros auxilios psicológicos”: “Es fundamental reunir a los alumnos, los docentes y los padres para restablecer la cohesión y permitir la expresión de emociones”, y enfatizó que “el trabajo posterior al trauma permite detectar causas que muchas veces se ignoran hasta ocurrida la tragedia”.

