“¡Petro, decime que se siente, tener al Tigre frente a vos!”. La adaptación del himno futbolero de los hinchas argentinos en el Mundial de Brasil, que ha acompañado al populista de derecha Abelardo de la Espriella en sus recorridos por el país, resumía ayer a la perfección, y con muchos decibelios, el sentimiento nacional tras los sorprendentes resultados de la primera vuelta presidencial en Colombia.
El huracán del voto útil en el uribismo y el miedo a la victoria gubernamental fueron más allá de lo que adelantaban las encuestas no publicadas de los últimos días en favor del polémico abogado. La victoria por casi 3 puntos, más de 600.000 votos, del “defensor de la patria” le convierte automáticamente en favorito para el balotaje del día 21 contra el candidato petrista, Iván Cepeda, en un nuevo capítulo de la polarización, tan de moda en las Américas.
El plebiscito “Petro, sí; Petro, no” acabó convertido en un voto de castigo al gobierno por los excesos presidenciales, que se volvieron a evidenciar incluso durante la jornada electoral. Se notó especialmente en Bogotá, donde Petro fue alcalde, pero donde se mira con escepticismo sus extravagancias y amenazas políticas.
Y todo ello antes de la reacción furibunda del presidente, tras no reconocer en la noche los resultados adelantados, empeñado en trasladar sus guerras personales al país y empeñado en extremar aún más lo que ya es una peligrosa encrucijada nacional.
Electoralmente se trataría de un balotaje similar al que se vivirá en Perú el próximo domingo, cuando la populista de derecha Keiko Fujimori, la hija del dictador, intente sentarse en el Sillón de Pizarro (tras caer derrotada en las tres presidenciales previas) en su pulso con el izquierdista radical Roberto Sánchez, abanderado del golpista Pedro Castillo. Parámetros tan parecidos a los de Chile y Ecuador.
El duelo electoral guarda así grandes similitudes con los otros sudamericanos, cargado de extremismo, pese a esa palabra, “juicioso”, que tanto le gusta pronunciar a los colombianos aunque casi nunca la pongan en práctica. La candidata Paloma Valencia, que obtuvo dos millones de votos menos que en las primarias en las que arrasó hace apenas unas semanas, fue la gran damnificada del corrimiento de los votantes del uribismo, que dejaron de lado a su líder, Álvaro Uribe, para apostar por De la Espriella, quien acuñó aquello del “uribismo del siglo XXI” para definir su irrupción en un mundo político que desconoce.
A la hora de elegir al rival que se enfrente a un “macho alfa” que ha dejado, según Petro, una huella imborrable para sus amantes, la derecha ha elegido a un hombre de ademanes autoritarios, alguien parecido a quien tanto temen, una especie de némesis de reciente aparición. Tanto se asemeja que Abelardo incluso llegó a asegurar en un podcast que ha dado la vuelta al mundo que se había ganado el voto de las mujeres por una fotografía donde se aprecia (no de forma diáfana) el tamaño de su paquete.

