Luego de la polémica suscitada por la inclusión del goleador Folarin Balogun, quien había sido expulsado ante Bosnia Herzegovina en la instancia anterior, a la hora de los bifes los Estados Unidos de Mauricio Pochettino cayeron 4-1 con Bélgica y -al igual que Canadá primero y México después- se despidieron del Mundial que organizan.
Los belgas salieron con todo y al minuto el arquero Freese debió esforzarse para desviar un potente remate de Castagne desde fuera del área.
El anfitrión buscó contrarrestar el brío con que habían comenzado los europeos, pero para eso sus mediocampistas debían hacerse del balón, algo que no conseguían. El aviso lo dio Tielemans, que no pudo conectar un envío que cruzó delante del arco.
La concreción se dio poco después, cuando Trossard buscó avanzar por izquierda, hubo un rebote en un defensor estadounidense que recayó en Raskin y éste, como Pancho por su casa, se filtró en el área entre un océano de piernas locales recién levantadas de la siesta y habilitó a Charles de Ketelaere para dictaminar la apertura con todo el arco a disposición.
Estados Unidos lucía desconocido en relación con juegos anteriores. Ni Robinson, ni Adams, ni McKennie lograban hacer pie en mitad de cancha, y tampoco acertaban en los pases. Así las cosas, Pulisic debía retrasarse unos metros en el intento por construir algo que inquietara al bueno de Courtois. ¿Balogun? Bien, gracias.
En las gradas, el entusiasmo y la confianza no mermaban. Pero en el campo de juego el equipo local no aparecía. En eso, quien no debía participar en esta serie por haber visto la roja pocos días atrás se tiró un piletazo en el borde del área, el árbitro jordano compró y de ese tiro libre Malik Tillman, ayudado por el cabezazo en la barrera del ingresado Hans Vanaken que descolocó a Courtois, marcó un empate tan inesperado como poco merecido.
Sin embargo, la alegría estadounidense se esfumó en un parpadeo, porque Trossard volvió a escapar por su franja y lanzó un centro para que el goleador De Ketelaere salte más y mejor que Ream. Furioso e impotente, Pochettino reaccionó pateando una botellita con agua. Bélgica volvía a ponerse arriba en el marcador y apenas había pasado media hora de juego.
El equipo de Rudi Garcia pudo darle otro golpe en la quijada a Estados Unidos, pero Lukébakio no estuvo fino a la hora de cabecear, pese a las comodidades que brindaba la última línea de los de Pochettino.

