El primer paciente contagiado con covid-19 en China se remonta a hace justo un año: el 17 de noviembre de 2019, una fecha marcada en rojo en el calendario de la pandemia. Pero un año después, la identidad del llamado paciente uno no ha trascendido todavía. Solo se sabe que es un varón de 55 años residente en la provincia de Hubei, según una investigación del South China Morning Post. El diario hongkonés tuvo acceso a documentos confidenciales del Gobierno chino, que aún se resiste a confirmar esta noticia.
Los científicos chinos han intentado dibujar el patrón de la transmisión de la covid-19 desde que se informó del brote en la ciudad de Wuhan, capital de Hubei y epicentro de la pandemia mundial. Todavía no han conseguido descifrar quién fue el paciente cero, el primer contagio de animal a humano, o al menos no ha trascendido.
«Si no conocemos la fuente, entonces seremos igualmente vulnerables en el futuro a un brote similar», aseguró Michael Ryan, director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud. «Comprender esa fuente es un paso muy importante», según las declaraciones recogidas por el diario estadounidense The New York Times.
La OMS, en entredicho
Pero expertos de esta misión relataron después que cedieron terreno ante Pekín desde el minuto uno. Acordaron no examinar ni la respuesta china ni la fuente animal ni se aseguraron visitar Wuhan. LaOMS se defendió, asegurando que se había centrado en conocer el brote «para ayudar a todos los países a preparar y proteger a las poblaciones».
Ahora, según documentos obtenidos por The New York Times, Pekín ha dado el visto bueno a un grupo de expertos de la OMS para investigar, en un tercer intento, el origen real de la covid-19 y así prevenir futuros brotes. Según la revista Nature, la investigación consta de dos fases: los científicos chinos ya han comenzado los primeros estudios y, según lo que encuentren esos expertos, la OMS desplegará un equipo internacional en China para colaborar y trazar la ruta que ha seguido el virus.
Según el director general de la OMS, sus expertos y los científicos chinos ya mantuvieron a finales de octubre una primera reunión virtual sobre su misión con China, que describe como «un estudio global de los orígenes del SARS-CoV-2». En ese informe, la OMS admite que, aunque el brote se identificó por primera vez en Wuhan, «es posible que comenzase en otro lugar y que, como la información es escasa, hay hipótesis limitadas sobre cómo podría haber comenzado realmente el brote».
Los expertos van a revisar los registros del hospital, para averiguar si el virus circulaba antes de noviembre, e investigar el mercado; los animales salvajes y de granja que se venden allí. La mayoría de los investigadores cree que el virus se originó en los murciélagos, pero se desconoce cómo saltó a las personas.
La OMS apunta a que puede haber «más de 500 especies susceptibles de actuar como organismos intermediarios», desde gatos a pangolines. «Encontrar un animal con una infección por SARS-CoV-2 es como buscar una aguja en el pajar más grande del mundo. Es posible que nunca se encuentre», afirma Angela Rasmussen, viróloga de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. (Niusdiario)
Sin investigación independiente
Desde el 17 de noviembre se registraron de uno a cinco casos nuevos cada día, pero los médicos no reconocieron que estaban lidiando con una nueva enfermedad hasta finales de diciembre, con 60 casos confirmados. Ahora, más de 1,3 millones de muertes después, sigue sin haber una investigación transparente e independiente sobre el origen del virus.
China siempre ha rechazado la investigación internacional que han pedido gobiernos como los de Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, que le reprochan su falta de transparencia. En febrero, cuando fuera de China solo había tres muertos confirmados y esperanzas de que el coronavirus se podía contener, la Organización Mundial de la Salud viajó a Pekín para estudiar el origen del brote y conocer la fuente animal.

