Independiente y Vélez, más que un partido, fue el duelo entre dos estados de ánimo. El Rojo derrama autoestima, optimismo y seguridad en si mismo. Y Vélez es un alma en pena, un emparche, un dibujo desmejorado de aquel campeón de hace dos meses. Se dio la lógica entonces. Y el equipo pujante, vital y positivo lo pasó por encima al que ahora se mira en el espejo y no se reconoce, de tan demacrado que está. Ganó Independiente 3 a 0 con trazos de buen fútbol y con doce puntos, recuperó la punta de la zona B del Torneo Apertura. Vélez es todo lo contrario: sumó un punto de los últimos quince y no hizo goles en lo que va del campeonato.
Vélez esbozó una reacción en el segundo tiempo: entraron el pibe Porcel y Braian Romero por Pizzini y Michael Santos. Y por un rato pareció que con Porcel comandando los ataques, podían abreviarse las diferencias. Pero fue tal su impotencia que, con el correr de la noche, fue bajando los brazos entregándose a la derrota. Independiente lo esperado tirado atrás para salir de contraataque y remató su tarea con un golazo.
Montiel se vino desde la derecha, habilitó a Giménez Rojas y el pase del reemplazante de Ávalos, Cabral lo transformó en el 3 a 0 con un derechazo sutil al ángulo izquierdo. Después de tantas tardes y noches de enojo y frustración, los hinchas de Independiente no paran de gritar e ilusionarse. Con partidos así, creen que lo mejor está por venir y se preparan para vivirlo.

