Había sido la jugada más inesperada del Gran hermano de este año. Un gol de producción. Con la casa aún buscando su rumbo, entre personajes con altibajos, sin muchas sorpresas y con demasiados enfrentamientos por los cigarrillos, de golpe las puertas se abrieron para que volviera quien, para muchos, es la mejor jugadora de todos los tiempos: con la excusa de un Golden Ticket– una suerte de boleto vip-, hace dos semanas Furia volvía a su segundo hogar. ¿O el primero?
Como sea, volvía a su territorio más conocido, el que la que la convirtió en una de las figuras de la TV 2024, en la que ni Mirtha, ni Tinelli ni Susana dieron tanto que hablar como ella.
Pero el ancho de espadas jugado por la producción no aguantó más de unos días, porque este miércoles 26 de marzo, Juliana Scaglione decidió pegar la vuelta. Para sorpresa de muchos, para decepción de su nutrido fandom. Y, tal vez, vaya uno a favor, en detrimento del rating.
Porque desde que Furia traspasó el umbral junto a Claudio, alias Papucho -ella y el participante que había tenido que irse por una apendicitis fueron elegidos por el público entre 32 ex de varias ediciones para aprovechar dos Golden Ticket-, la casa pareció encenderse: entraba el personaje más televisivo y rendidor de la temporada pasada, que ganó el uruguayo Bautista Mascia.
Y, ese lunes 10 de marzo, cuando los nuevos habitantes de la casa y el público la vieron reingresar hubo aroma a picante, a juego, a dejar de lado eso de la “afinidad”, eso de “lo quiero, pero perdón porque lo voto” y una seguidilla de frases que hablaban más de un reality con el freno de mano puesto que acelerado. Y llegaba ella, la que prometía “ir sacándolos de a uno”. Y se esperaba que pusiera sexta y le sacara chispas a la pista.

