on un margen estrecho tras la derrota en las elecciones bonaerenses, la Casa Rosada enfrenta esta semana una pulseada difícil en el Congreso. El miércoles, la oposición llevará a Diputados un temario cargado de proyectos sensibles, entre ellos dos que golpean de lleno al corazón libertario: la insistencia en las leyes de financiamiento universitario y de hospitales pediátricos como el Garrahan, ambas vetadas por Javier Milei.
La aritmética es despiadada: en la primera votación ambas iniciativas habían alcanzado el umbral de dos tercios, lo que hoy le permitiría a la oposición insistir y dejar sin efecto el veto presidencial. El oficialismo quedó muy por debajo del tercio necesario -87 diputados-para blindar la decisión de Milei: apenas 75 rechazos en universidades y 67 en el caso del Garrahan, mientras que en el Senado resistió prácticamente en soledad. Por eso, la Casa Rosada sabe que no tiene margen para errores y apuesta a seducir a un puñado de diputados que se movieron entre la abstención y la ausencia.
La búsqueda apunta a legisladores que orbitan alrededor de los gobernadores. Allí radica la estrategia de Milei: reabrir el diálogo con los mandatarios provinciales para intentar torcer voluntades en la Cámara baja.
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se mostró la semana pasada con Ignacio Torres (Chubut) para acordar una compensación de deuda y rubricó convenios de obras con ministros de Osvaldo Jaldo (Tucumán). En paralelo, Lisandro Catalán, flamante ministro del Interior, viajó a Tucumán y Salta para fotografiarse con Jaldo y Gustavo Sáenz, y relanzó la “mesa política federal” junto a tres aliados electorales: Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio y Leandro Zdero.

