El viejo duelo entre Europa y América se renueva en esta semifinal del Mundial de Clubes 2025, con todos los condimentos que lo hacen atractivo. O casi todos.
Porque aunque el choque tenga en la cancha a figuras como Enzo Fernández, símbolo de la nueva generación de cracks argentinos, y a Thiago Silva, leyenda del fútbol brasileño, y aunque reúna a uno de los gigantes de la Premier League y al último representante del continente sudamericano, la FIFA no pudo llenar el estadio. Y tomó una decisión tan drástica como reveladora: bajar el precio de las entradas a solo 13 dólares.
Sí, 13. Es decir un 97% más baratas que su valor original (hasta hace una semana este ticket costaba 473 dólares). Una cifra que, en cualquier otro evento global, parecería irreal. Pero no en este Mundial de Clubes. Los boletos que hace apenas una semana costaban 473 dólares se derrumbaron a ese precio simbólico para evitar otro papelón en las tribunas. Fue la medida más evidente de que el certamen, más allá del nivel deportivo, aún lucha por captar la atención del público norteamericano.
Una prueba de esto fue la declaración que dio Mauricio Pochettino, DT de la selección de los Estados Unidos, en la madrugada argentina del viernes, luego de perder la final de la Copa de Oro ante México por 2-1: “México es una gran selección, tiene grandes jugadores y un buen cuerpo técnico, pero quiero resaltar qué importantes son los fans en un partido de fútbol. Cuando tenés el apoyo, regenerás la energía del jugador en el campo y cuando no la tenés, drenas la energía y te cuesta“, y agregó: ”Si hoy hubiéramos tenido a la mayoría apoyándonos sería diferente, pero es lo que nos toca“. Dijo en referencia al partido que se jugó en el NGR Stadium de Texas, con capacidad para 70.000 espectadores.
En ese contexto inesperado y ante el riesgo latente de otro estadio semivacío, Enzo Fernández emerge como una de las figuras centrales del torneo. Líder dentro de la cancha y segundo capitán de un Chelsea que mezcla juventud, millones y resultados, el ex River sabe que está en una vidriera distinta, en un continente donde el fútbol todavía se abre paso, y donde un gol o una asistencia pueden marcar la diferencia entre la idolatría y el olvido.
“Sabemos que va a ser un partido difícil, pero vamos paso a paso. Ahora solo pensamos en Fluminense”, dijo el mediocampista de la selección argentina luego de la victoria ante Palmeiras por 2-1 en cuartos. Sin estridencias, pero con firmeza.
Y si bien el torneo le ofreció a Enzo un nuevo escenario competitivo —ganaron la UEFA Conference League, vienen de eliminar a Benfica y Palmeiras—, él sabe que este martes (desde las 16 de la Argentina) todo será diferente. Porque enfrente estará Fluminense, que además de su camiseta representa al último equipo no europeo. El Flu intentará evitar que la final del Mundial de Clubes sea 100% del Viejo Continente.
En lo deportivo, Fluminense llega invicto y con argumentos para incomodar a cualquiera. En la etapa de grupos empató con Borussia Dortmund, en octavos eliminó a Inter de Milán y en cuartos al sorprendente Al Hilal, que había dejado afuera a Manchester City. Más allá de no jugar la Libertadores ni estar entre los tres mejores del Brasileirao, encontró en este Mundial de Clubes su lugar en el mundo. El equipo de Renato Gaúcho no tiene nombres rutilantes, pero sí un plan. Y eso, en este torneo, vale oro.

