Juan Ramón Verón nació en La Plata el 17 de marzo de 1944. Sus padres -trabajadores, humildes- habían llegado de Corrientes en búsqueda de un futuro mejor. La madre era de Esquina, la misma ciudad de los padres de Diego Maradona. Pero el padre de Juan Ramón venía de Mercedes. En La Plata trabajó en un frigorífico, y luego se volvió a su tierra, para las cosechas. “Pasé una infancia difícil -recordó Juan Ramón- porque perdí a mi mamá a los once años, me quedé en la casa de unos tíos. Yo empecé a trabajar en el frigorífico Armour, entraba a las tres de la madrugada”.
Aún seguía trabajando allí a los 18 años, cuando ya había debutado en la Primera de Estudiantes. Ese debut se produjo contra Boca el 12 de diciembre de 1962: derrota por 4-0. Era un partido especial. Apenas una semana antes, Boca le había ganado a River en la penúltima fecha, el día del famoso penal que Roma le atajó a Delem y que prácticamente le dio el título. Y la goleada sobre la juvenil formación de Estudiantes era seguida por las celebraciones xeneizes, las primeras en ocho años…
Verón había llegado a las inferiores de Estudiantes. En una nota con Diego Borinsky en El Gráfico contó: “Nosotros jugábamos todas las tardes a una cuadra de mi casa, en la canchita de 25 de mayo. Y enfrente de la cancha paraba Juan Delgado, un ex jugador de Estudiantes, al que le dijimos que nos queríamos probar en el club. Fuimos varios chicos de acá y quedamos solo dos. A mí me gustaba jugar de 10, pero en esa posición estaba el Bocha Flores. Los técnicos de la Novena, Estela y Pedrillo, me preguntaron si me animaba a jugar de 11 y les dije que sí, lo único que yo quería era jugar”. También recordó que en aquella época de inferiores surgió su apodo. “Tenía el pelo largo y sobresalía por mi nariz… Entonces Huguito Mercerat, uno de mis compañeros me dijo ‘parecés una bruja’. Y quedó. Al principio, no me gustaba, pero me acostumbraba. Y una vez que te ponen un apodo, ya está, chau, queda”.

